que no se mal entienda

Soy profesionista, enseño, doy clases, y ante todo, frente a mi salón, soy humana.

Soy mexicana, mujer, clase media alta, maestra, historiadora del arte; hija, prima, amiga, pareja, nieta, soy muchas familias y muchos grupos, pero antes que todo eso, soy humana.

No creo en el nacionalismo, no creo en la idea de lo que es un país, impuesta por un Estado barato, pero soy mexicana, a mucha honra, con orgullo, a flor de piel, por dentro y fuera, vivo México, y México vive en mi; no por la bandera, ni por los valores que promulga ‘mi’ gobierno, no por lo que la ley dice u omite, sino porque de aquí soy, aquí me eduqué, con estos valores crecí, estas son mis raíces y mis ramas.

Me avergüenza que en este país la sangre y el hambre invaden con su fétido olor a muerte nuestro espíritu. Me repugna la indiferencia deliberada de la gran mayoría de quienes se dicen mis compatriotas. Me deprime la manera en que el pueblo desacredita al pueblo con flojos argumentos de falsos medios y manipulaciones políticas. ¿Por qué luchar por tirar las causas ajenas en vez de luchar por defender nuestros derechos? ¿Por qué odiar a los maestros, a los campesinos, a los empresarios, a los trabajadores, a los feministas? ¿Por qué aventarnos el lodo entre nosotros en vez de derrocar al yugo opresor de quienes nos tienen entre la suela de su infinita avaricia y el pavimento?

Pareciera que lo único que se critica son las búsquedas de la ruptura de un sistema contaminado y corrupto, que ojalá y sí se rompiese. Ya basta de juzgar al pobre y al marginado por exigir lo que le pertenece, ya basta de pagar multas desmedidas, de respirar veneno, de comer migajas, del machismo, de regalar el trabajo, de la inseguridad, basta de las aulas vacías, y de los niños sin educación. Basta de ser un México que da pena, siendo un país con todo el potencial, con la gente más hermosa, los paisajes y las tradiciones más ricas, una cultura que no se termina. Seamos ese México que también sabemos ser, no ese débil oprimido que pisa al de a lado con tal de no ser el único jodido.

Basta de querer tener la razón con el simple objetivo de escalar en un sistema cuyos peldaños están hechos de cabezas. Basta de criticar y poner alto a la lucha del pueblo con la única justificación de lo ilegal, pues cuando la legalidad es lo que permite el abuso, la violencia y el maltrato, la ley política no es la ley que se debe seguir. Arriba los movimientos sociales, arriba la comunión entre todos, arriba el apoyo, la solidaridad, la empatía, el amor por la humanidad.  ¡Ante todo, arriba el respeto!

Independientemente de las causas y hechos específicos con los que se simpatice o no, ojalá todos abran sus lados más humanos, y recuerden que antes que una profesión, un nivel económico, una posición social, o cualquier otra etiqueta, somos humanos, y que cuando existe opresión y violencia, la lucha por los derechos es inminente. Que la lucha siga viva hasta que el respeto reine, que la justicia no se canse, y que el pueblo siempre sea primero.

Y sobre todo, que no se me mal entienda, el pueblo somos todos.

Aranza.

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